ESCRITOS A VOLAPIE
Estoy recogiendo algunos de los escritos guardados en el ordenata.
Será variopinto en cuanto a temas, pero es la mejor forma de compartirlo con toda la familia.
Recojo el primero al tun-tún..
PIMIENTOS ALBARDADOS. (Eso dice la receta, mas,.....
El asunto era claro. Sencillo sobre el papel.
La estrategia estuvo perfectamente planificada. Todo debía
desarrollarse de corrido, sin alteraciones, con el orden establecido de
antemano. No tenía por qué haber fallos. Casi todo fue previsto desde el principio.
Bien es cierto, que hubo un paso, un pequeño toque que había
pasado por alto. Nada que no tuviese solución inmediata y que no alteraba el
orden ni la estrategia a seguir.
Varias veces, varias, había repasado los pasos:
- Los
pimientos verdes, vaciados y enteros,…..a la sartén, previo salpicado de sal en
el interior. Fuego suave; que se vayan haciendo en una cucharada sopera de
aceite. Puf,…puf,. Con amor.
- Sin
problema. Hasta ese momento, la situación parecía dominada.
Una vez reblandecidos, se apartan, se abren por un costado,
y un par de lonchas de queso, pero de queso de nata, de Ruiz, de La Cavada,
ese, del bueno,….suavemente acomodados, y …..enrolle del pimiento nuevamente;
como si no fuese con él.
- Ojo.
Rebozados; primero harina y después huevo.
- Nada,
nada,…. perfecto. Eso, …hasta
mirando al estrado. (Uf. Ya no me acordaba que había que rebozar).
- Y,
a continuación, ya sabes, de nuevo a la sartén, hasta que veas que estám hechos, … ojo, siempre a poco
fuego, ….y a servir.
- Bocatili
cardinali.
Los pasos se siguieron con precisión germana, pero,……
Aquellos pimientos, aquellos hermosos conos brillantes,
largos, preciosos,….fueron, como mandan los cánones, a la sartén como estaba
previsto, mas se mostraron peleones.
Un conato de rebeldía atisbé al cabo de un rato. Aquella
firme textura que tanto prometía; aquellos primorosos pimientos comenzaron a
tener miedo. Vamos, que se reblandecieron sin haberlo previsto. Se
arrugaron,…en una palabra. Por más arengas y ánimos en la pelea, ya noté con
estupor que el plan de lucha se me venía abajo en la base; en la infantería que
eran los pimientos, motor y columna vertebral de la batalla.
- No
importa; como Napoleón en Austerlitz, aguantaremos lo que sea preciso el
embite, hasta que lleguen los refuerzos por los flancos.
- Änimo
y,…a por ellos, me decía interiormente, aunque con poco convencimiento.
- Aquí,
hay alguien que me está traicionando, pensaba.
Retirar la infantería, es decir los pimientos, para abrir su
costado y acomodar el queso, fue,…como diría, un delirium tremens. Claramente se habían rajado. La lucha no
era para ellos. Eran pimientos de salón. Nada de pelea en campo abierto.
Lo que se espera de un pimiento como Dios manda, …nada de
nada. Lo que se pudo trasladar de la sartén fue una especie de tirillas
desmadejadas, como un ramo de palmeras, abiertas como si pidiesen clemencia
ante el siguiente paso. Eso fue lo que de los pimientos logré apartar de la
sartén.
- Nada,
nada. No cambiaré de estrategia. Lo que está previsto,…se hará pese a quien
pese.
Así que, me decidí al siguiente paso. Poco convencido, bien
es verdad, pero con el ánimo dispuesto.
La caballería, que en forma de lonchas de queso estaba
alineada y en orden de revista desde hacía rato, fue colocada con el mayor mimo
tal y como se concibió, pero,…..
O las armaduras eran demasiado pesadas (lonchas gruesas), o
bien la infantería se había debilitado de tal manera en las primeras
escaramuzas, que lo cierto es que no hubo forma de envolver el queso. El
pimiento se deshacía; asomaban grietas cada poco. Ni una intervención “manu
militare”, fue capaz de convencer a los susodichos a que arropasen debidamente
el queso.
- Bueno.
Tampoco es para tanto, creía. Esto se arregla con el rebozo. Ligará; estoy
seguro que ligará, y aquí casi no ha pasado nada.
(Parte 2. De la pelea en el rebozo)
Ya, ya. Ligar.
A la vista de la harina, estoy seguro que el primer
pimiento, o las tirillas en que se había convertido, dio aviso a los demás.
Para aquel, fue como entrar en el desierto. Arenas
candentes. Rechazo total hacia aquella textura desconocida. Las tirillas
pimenteras aceleraron de improviso el proceso. Fue como esconderse a trozos en
aquellas arenas de color blanco. Con horror, vi cómo se convertían en una
especie de pasta, pegajosa, que se esparcían sin orden por el plato. Casi lo
peor, es que el queso aguantaba a pie firme, así que los brazuelos ya ajados
del pimiento, abrazaban sin orden ni concierto la loncha de queso.
- Calma,
calma. Yo ahora; trocito a trocito, lo vuelvo a colocar encima del queso, ….y
ya que está un tanto pegajoso el asunto, ….ligará. Que es de lo que se trata.
De ligar; y así en conjunto, creo que salvaremos la situación y la batalla.
Y así trocito a trocito, lo que hubo de ser pimiento
hermoso, terso, altivo,…iba camino del huevo, derrotado, hecho trizas, con
enormes grietas y a punto del harakiri.
Ah. Lo del huevo.
Lo del huevo fue como hacer equlibrio en un cable de alta
tensión.
Los pegotes infames, agrupados por mano amiga en torno al
queso, fueron rápidamente a esconderse, cada uno por su lado, naturalmente,
salvando una prudente distancia unos de otros. Hubo que reagruparlos, con el
consiguiente peligro de esparcimiento, no solo en el campo de batalla,
sino con la amenaza de salirse fuera de cuadro.
Únicamente, la precisión de líder, de padre, de,……por mis……,
que acabaréis en la sartén, hizo que fuesen a la última batalla.
La suerte estaba echada. Al notar el calorcillo del aceite,
cobraron vida. Juro que cobraron vida.
Unos, se multiplicaron en pequeños trocitos. Otro trasmutó a
algo indescriptible: bolas verdosas con ramalazos de harina y huevo. El queso
por su parte, también intervino regularmente, cuando notó cómo se deshacía en
una especie de papilla que tomó con rapidez, a modo de plaza de toros, el
callejón en torno al centro de la sartén.
En definitiva, lo que habían prometido ser unos magníficos
pimientos rellenos, de exposición, de concurso de cocina, resultaron al servir,
salvo uno, que aguantó estoico, una masa infame de verde-queso fundido y huevo
harinoso, que podría describirse como una montañita de puré con mechas verdes.
Ricos, lo que se dice ricos, pues no. Pero comibles.
Los invitados al evento, no protestaron. La prudencia hizo
que se guardasen sus comentarios para mejor ocasión. Creo que estaban asustados.
Iniciaron un pequeño comentario, que corté con una mirada asesina que
entendieron ipso facto.
Con lágrimas en los ojos, traté de explicarles que no era
aquello lo que había pretendido, que para otra ocasión, que en otro momento,…..
Perdí la batalla. Lo reconozco, pero volveré a la lucha con
mayor ahínco si cabe.
¡ A mi me van a tomar el pelo los pimientos¡.
Pique, en primavera de 2011